Se cumplen seis años desde que la OMS declaró al COVID-19 como pandemia. La crisis sanitaria dejó millones de muertes, transformó los sistemas de salud y expuso desigualdades globales que aún persisten.
El 11 de marzo de 2020, el mundo escuchó una palabra que cambiaría la historia reciente: pandemia. Ese día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente que el brote de COVID-19 originado meses antes en Wuhan, China, se había convertido en una emergencia sanitaria global.
Seis años después, el planeta aún mide las consecuencias de una crisis que paralizó ciudades, cerró fronteras, colapsó sistemas de salud y dejó millones de vidas perdidas.
El virus que detuvo al mundo
El SARS-CoV-2, virus responsable del COVID-19, fue identificado a finales de 2019. En pocas semanas comenzó a propagarse por Asia, Europa y América. Cuando la OMS declaró la pandemia en marzo de 2020 ya había más de 118 mil casos confirmados en 114 países y más de 4 mil personas fallecidas. Lo que siguió fue una de las mayores crisis sanitarias del último siglo.
De acuerdo con datos oficiales de la OMS:
- Más de 770 millones de casos confirmados se registraron en el mundo.
- Más de 7 millones de muertes fueron reportadas oficialmente.
Sin embargo, estudios sobre exceso de mortalidad estiman que el impacto real podría superar los 20 millones de fallecimientos a nivel global, y México fue uno de los países más golpeados Según cifras de la Secretaría de Salud:
- Más de 7.6 millones de contagios confirmados
- Más de 330 mil muertes registradas oficialmente
Pero análisis del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) basados en exceso de mortalidad estiman que el impacto real fue significativamente mayor.
Durante los momentos más críticos de la pandemia, hospitales saturados, escasez de oxígeno y largas filas para pruebas se convirtieron en escenas habituales en varias ciudades del país.
Frente a la crisis, la comunidad científica global reaccionó con una velocidad sin precedentes. En menos de un año, varios laboratorios lograron desarrollar vacunas eficaces contra el virus, entre ellas: Pfizer-BioNTech, Moderna, AstraZeneca-Oxford, Sinovac y Sinopharm Según la OMS, más de 13 mil millones de dosis de vacunas fueron administradas en todo el mundo.
Aunque la vacunación redujo significativamente hospitalizaciones y muertes, también evidenció una profunda desigualdad global en el acceso a vacunas, donde los países más ricos concentraron inicialmente la mayoría de las dosis.
La pandemia no solo fue una crisis sanitaria.El Fondo Monetario Internacional (FMI) calificó la recesión global de 2020 como la peor desde la Gran Depresión de 1929.
Entre los efectos más profundos, como el cierre temporal de fronteras en decenas de países, paralización del turismo internacional e interrupción de cadenas de suministro globales, además de las pérdida de millones de empleos
En América Latina, el Banco Mundial estimó que la pandemia empujó a millones de personas nuevamente a la pobreza.
Las medidas de confinamiento también transformaron la vida diaria.En el momento más crítico, más de 1,600 millones de estudiantes en el mundo dejaron de asistir a clases presenciales, según datos de UNESCO.
El aislamiento social, la incertidumbre económica y el duelo colectivo también detonaron una crisis global de salud mental, con aumentos significativos en ansiedad, depresión y trastornos emocionales.
¿Terminó realmente la pandemia?
El 5 de mayo de 2023, la OMS declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional por COVID-19.Sin embargo, el virus no desapareció. Sigue circulando en el mundo como una enfermedad respiratoria endémica, similar a la influenza, con variantes que continúan siendo monitoreadas por autoridades sanitarias.
La pandemia dejó aprendizajes que aún están en debate, como son la importancia de sistemas de salud robustos, la necesidad de cooperación científica internacional, la urgencia de combatir la desinformación y la preparación frente a futuras pandemias.Organismos internacionales advierten que nuevas crisis sanitarias globales no son una posibilidad remota, sino una certeza en el largo plazo.
Seis años después de aquella declaración histórica, el COVID-19 sigue recordando algo que el mundo aprendió de la manera más dura: la salud pública no es un tema técnico… es una cuestión de seguridad global.
