El mundo nunca había estado tan cerca del borde simbólico del apocalipsis. El Reloj del Fin del Mundo, un indicador simbólico del peligro global impulsado por el Bulletin of the Atomic Scientists, fue actualizado este 27 de enero de 2026 y ahora marca 85 segundos para la medianoche —el punto más cercano a la “catástrofe global” desde que se creó en 1947.
Este reloj no predice fechas reales, pero pone en números lo que los científicos consideran el nivel de riesgo que enfrenta la humanidad: la cercanía a un desastre provocado por la acción humana. Cuando menos segundos quedan para la medianoche, más severos son los peligros que amenazan la vida en el planeta.
¿Por qué 85 segundos?
La decisión de mover las manecillas se basa en evaluaciones de un panel de expertos incluyendo científicos galardonados con premios Nobel, que observan riesgos convergentes:
- Aumento de tensiones nucleares entre potencias globales y el debilitamiento de tratados de control de armas que antes limitaban arsenales y riesgo de guerra atómica.
- La crisis climática, que continúa empeorando con récords de temperatura, emisiones fuera de control y falta de acuerdos vinculantes efectivos.
- Tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial y la biotecnología, que, sin marcos regulatorios serios, generan amenazas nuevas e impredecibles.
- Conflictos armados prolongados en múltiples regiones, con la posibilidad latente de escalar en enfrentamientos indirectos entre potencias.
Los expertos han criticado la falta de liderazgo y cooperación internacional ante estas amenazas, señalando que el fracaso político global para frenar estos riesgos ha empujado al reloj aún más hacia la medianoche.
Más cerca que nunca del apocalipsis simbólico
Los 85 segundos para la medianoche representan la posición más crítica en la historia del Reloj. Hasta hace poco, en 2025 marcaba 89 segundos, ya de por sí un nivel alarmante. Cada avance significa que, según los científicos, la humanidad ha aumentado su propio peligro.
Este instrumento fue creado por físicos del proyecto Manhattan tras la Segunda Guerra Mundial y es ajustado cada año con base en eventos geopolíticos, ambientales y tecnológicos globales. Originalmente, en 1947 estaba a siete minutos para la medianoche, pero crisis recurrentes han llevado al marcador cada vez más cerca del cero simbólico.
¿Qué representa realmente?
El Reloj del Fin del Mundo no es una predicción fatalista. Es una advertencia explícita, una señal de que las decisiones humanas —políticas, tecnológicas, ambientales— están configurando un futuro donde el riesgo global puede volverse irreversible si no hay acción colectiva.
Los científicos detrás del reloj pidieron que: Se renueven tratados de control de armas nucleares y se limite la proliferación, se adopten normas internacionales claras sobre el uso de inteligencia artificial y biotecnología, se refuercen las acciones contra la crisis climática con metas ambiciosas y vinculantes. Los líderes mundiales cooperen en lugar de profundizar rivalidades geopolíticas.
¿Una alarma o una llamada de acción?
Aunque el simbolismo pueda sonar extremo, no hay fatalismo en la lectura de los científicos: si la humanidad creó los riesgos, también puede reducirlos. Pero advierten que la inacción prolongada solo empuja ese reloj más cerca del cero —del punto donde un desastre global se vuelve más probable.
La pregunta clave que deja esta actualización es incómoda pero necesaria:
¿Qué harán los gobiernos, las instituciones y la sociedad civil para mover ese reloj hacia atrás?
Porque mientras menos segundos queden, más se acerca la proximidad de amenazas reales que podrían cambiar, para siempre, la vida tal como la conocemos.
