En el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, no basta con palabras: el cambio climático exige acciones concretas y vinculantes que respeten los derechos humanos de las comunidades más vulnerables. Match Informa explica por qué esta efeméride es urgente y qué falta por hacer.
Cada 28 de enero el mundo conmemora el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, también llamado Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂. Esta fecha, designada por la Organización de las Naciones Unidas, existe para sensibilizar y empujar a la sociedad y a los gobiernos a hacer algo más que discursos: a reducir los gases de efecto invernadero que están desestabilizando nuestro clima.
Suena bonito en la teoría. En la práctica, sin embargo, la conmemoración corre el riesgo de convertirse en una marca de calendario más, mientras los indicadores científicos siguen siendo alarmantes y los compromisos de acción climática se quedan cortos frente a la magnitud del problema.
La evidencia es contundente
No estamos ante un fenómeno menor o distante. El calentamiento global —causado principalmente por la acumulación de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero producidos por actividades humanas— es un hecho comprobado científicamente que altera ecosistemas, eleva el nivel del mar y multiplica eventos extremos como sequías, incendios y olas de calor.
Incluso, informes de organismos internacionales han documentado que las emisiones globales están aumentando, y los compromisos actuales de reducción de países no son suficientes para limitar el calentamiento por debajo de los 1.5 °C, el umbral que podría evitar los peores impactos climáticos. La propia Organización de las Naciones Unidas ha advertido en recientes cumbres que la incapacidad para cumplir estos objetivos representa una crisis moral y existencial, especialmente para las comunidades más vulnerables.
Los datos son claros: no se trata de una amenaza lejana, sino de una violación continuada a derechos humanos fundamentales el derecho a la vida, a la salud, a un medio ambiente sano— de millones de personas en todo el mundo.
¿Por qué este día importa?
El propósito del 28 de enero es empujar a la acción concreta:
- reducir emisiones,
- promover energías limpias,
- proteger ecosistemas que son sumideros de carbono,
- y articular políticas públicas que no solo mitiguen, sino también adapten a los impactos ya inevitables del calentamiento.
Pero hoy este día también debe servir para una autocrítica clara: muchos gobiernos incluso aquellos con compromisos internacionales han fallado en traducir compromisos en resultados reales. Las reducciones planificadas aún están muy por debajo de lo necesario para evitar daños severos a poblaciones vulnerables y a la infraestructura crítica que sostiene nuestras sociedades.
La injusticia climática ya está aquí
La crisis climática no afecta a todos por igual. Los más pobres, las comunidades rurales, pueblos indígenas y mujeres en contextos de vulnerabilidad enfrentan los peores efectos del calentamiento, a pesar de ser los que menos han contribuido a las emisiones históricas. Esto no es casualidad: es una forma moderna de injusticia estructural que exige respuestas urgentes e integrales.
Acción que debe ser vinculante
Hoy no basta con encender una luz verde o plantar un árbol cada 28 de enero. La acción climática tiene que ser: legalmente vinculante, financieramente respaldada y con mecanismos claros de rendición de cuentas.
Los derechos humanos deben estar al centro de cualquier política climática: desde la planificación urbana que reduzca emisiones y proteja a barrios vulnerables, hasta la transición energética que no deje a nadie atrás. No hay solución real si el costo de la transición recae únicamente sobre los hombros de quienes menos recursos tienen.
No hay planeta B
El calentamiento terrestre ya no es un problema del futuro; es una crisis que devora vidas hoy mismo: pérdidas de hogares, migraciones forzadas por sequías, salud afectada por olas de calor cada vez más intensas. Celebrar este día sin exigir responsabilidad y acción concreta es perpetuar una ilusión peligrosa.
En un día como hoy, deberíamos preguntarnos no solo qué conmemoramos, sino qué hemos cambiado realmente. Porque si seguimos con la misma inercia política y económica, pronto no nos quedará un clima ni un planeta que salvar.
