Un elefante marino apareció en la costa de Playa Los Ayala, lo que llevó a autoridades a acordonar la zona y pedir a la población mantenerse alejada del ejemplar. Especialistas en fauna marina explicaron que no se trata necesariamente de un animal en peligro inmediato. Los elefantes marinos pueden salir del mar para descansar, recuperar energía o regular su temperatura corporal, especialmente después de recorridos largos. Aun así, la presencia humana puede estresarlos gravemente y provocar reacciones impredecibles.
Por eso, el llamado fue directo: no tocarlo, no alimentarlo, no intentar moverlo ni usarlo como atracción. Un elefante marino puede parecer inmóvil, pero es un animal silvestre de gran tamaño y fuerza, capaz de defenderse si se siente amenazado.
El ejemplar permanece bajo observación, mientras autoridades ambientales evalúan su comportamiento. Cualquier intervención —insisten— debe hacerse solo si hay señales claras de lesión, desorientación o riesgo real.
Este episodio recuerda algo básico pero constantemente ignorado: la fauna silvestre no invade playas, las playas invadieron su hábitat. Respetar la distancia no es un favor al animal; es una obligación colectiva para evitar daños mayores.
En Playa Los Ayala, por ahora, la consigna es una sola: mirar de lejos y dejarlo descansar.
