Mientras el humo aún no se disipaba en las carreteras bloqueadas y los vídeos de vehículos incendiados saturan las redes sociales, la opinión pública ya había tomado postura. El operativo federal contra el CJNG no solo fue un movimiento de seguridad; fue un acontecimiento político de alto impacto.
De acuerdo con el estudio nacional de De las Heras Demotecnia levantado en febrero de 2026, el 88% de la población se enteró de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes. La penetración mediática fue casi total y es que fue un evento que capturó la conversación nacional.
La evaluación del operativo fue alta. El promedio alcanzó 8.3 de calificación. El 69% lo calificó entre 8 y 10. Apenas un 8% lo ubicó por debajo de 5. El mensaje es claro: en el corto plazo, el golpe fue percibido como eficaz.
Pero la pregunta incómoda es otra. ¿Eficaz para qué?
Porque la experiencia mexicana demuestra que la caída de un líder criminal no desmantela estructuras, no desaparece redes financieras ni detiene automáticamente la violencia territorial. Las organizaciones mutan, se fragmentan o reconfiguran. La historia reciente lo ha mostrado con otros capos. El aplauso inmediato rara vez garantiza estabilidad sostenida.
El estudio también revela el impacto político. El 48% dijo que mejoró su opinión sobre la presidenta Claudia Sheinbaum. Si se suma el 7% que considera que su percepción sigue “igual de bien”, el respaldo asciende a 55%. Sin embargo, el 20% afirmó que su imagen empeoró y un 8% dijo que quedó igual de mal. Hay un 17% que no tomó postura.
Es decir, el operativo fortaleció a la presidencia en términos de percepción, pero no borró el bloque crítico. Existe una porción significativa del país que no compra la narrativa del triunfo total.
Los operativos de alto impacto generan algo poderoso: sensación de control. La imagen del Estado actuando con contundencia produce alivio inmediato en una sociedad fatigada por la violencia. Pero la seguridad no se mide en percepciones de una semana. Se mide en reducción sostenida de homicidios, en desmantelamiento financiero de organizaciones, en recuperación territorial y en protección real de comunidades.
Históricamente, los golpes contra líderes criminales suelen generar picos de aprobación en el corto plazo. Ocurrió tras la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán y tras operativos de alto impacto en sexenios anteriores.
La encuesta confirma respaldo, sí. Pero también revela que la opinión pública responde a símbolos tanto como a resultados estructurales. Con esta encuesta, parece que en política, la narrativa gana el primer round, aunque en seguridad, la historia se escribe en el largo plazo..
