En México, donde la violencia ocupó los titulares y pantallas, y las infancias no viven en una burbuja. Escuchan conversaciones, ven imágenes en redes, perciben la tensión en el ambiente. Aunque no comprendan términos como “operativo”, “bloqueo” o “abatido”, sí entienden el miedo.
La pregunta no es si hablar o no. La pregunta es cómo hacerlo sin lastimar. Especialistas en derechos de la infancia coinciden: el primer paso no es dar un discurso, es preguntar. ¿Qué viste? ¿Qué entendiste? ¿Qué sientes?
Validar emociones no es exagerar la realidad, es reconocerla. Si un niño dice que tiene miedo, no se le responde con un “no pasa nada”. Se le dice: “Entiendo que te asuste. Es normal sentir eso”. Nombrar el miedo lo vuelve manejable.
El consumo de noticias también educa
Uno de los riesgos actuales no es solo la violencia, sino la sobreexposición digital. Redes sociales priorizan contenido impactante, imágenes fuertes, información muchas veces manipulada o sacada de contexto.
UNICEF recomienda limitar el contacto con imágenes alarmantes y evitar que niñas y niños consuman contenido violento sin acompañamiento. Pero también advierte algo clave: el ejemplo empieza en el mundo adulto. No se puede pedir que apaguen la pantalla si la casa está inundada de notificaciones y videos de confrontación.
En algunos casos regular el consumo no es censura. Es protección emocional. Las niñas y niños tienen derecho a la información, pero acorde a su edad. No necesitan detalles crudos. Necesitan contexto simple, por ejemplo “Hubo personas que se pelearon y la policía está trabajando para que todos estén seguros.”
También es importante recordarles que hay personas que ayudan: médicos, maestras, bomberos, policías, vecinos organizados. No todo es oscuridad.
Luego, hay que estar pendientes de cambios importantes como en sus hábitos de sueño, dolores de estómago frecuentes, irritabilidad o aislamiento pueden ser manifestaciones de estrés. Las emociones no siempre se expresan con palabras. Dar seguimiento emocional es tan importante como la primera conversación.
Especialistas señalan que recuperar la vida cotidiana como ir a la escuela, salir al parque cuando sea seguro, mantener rutinas ayuda a reconstruir la sensación de estabilidad. El mensaje no es negar la realidad. Es enseñar que, incluso en contextos difíciles, existen redes de apoyo y espacios de cuidado.
Tras episodios recientes de violencia que generaron bloqueos y tensión en distintos estados, autoridades educativas han insistido en acompañar emocionalmente a estudiantes y mantener comunicación abierta con familias. La recomendación central: ofrecer certeza, cercanía y escucha activa. Hablar de violencia con niñas y niños no significa exponerlos al horror. Significa acompañarlos a comprender el mundo sin dejar que el miedo lo domine.
En tiempos complejos, la contención también es un acto de defensa. Y escuchar puede ser el primer escudo.
