Las mujeres que trabajan en el sector formal en México ganan casi el doble que aquellas en la informalidad, pero la brecha salarial y la carga del trabajo doméstico siguen frenando su autonomía económica.
En México, trabajar no siempre significa independencia económica para las mujeres, y es que la diferencia entre tener un empleo formal y uno informal puede significar prácticamente el doble de ingreso mensual, pero incluso dentro del mercado laboral formal las mujeres siguen enfrentando brechas salariales, menor acceso a financiamiento y una carga desproporcionada de trabajo doméstico.
De acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), una mujer que trabaja en el sector formal percibe en promedio 12 mil 971 pesos mensuales, mientras que quienes laboran en la informalidad reciben alrededor de 6 mil 331 pesos. La diferencia alcanza 48%, una brecha que revela cómo la informalidad sigue siendo una trampa económica para millones de mujeres.
Un país donde la informalidad sigue siendo regla
Más de 55% de las personas ocupadas trabajan en la informalidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esto significa que millones de mujeres laboran sin seguridad social, sin acceso a pensiones, sin licencias de maternidad y sin estabilidad laboral. Para muchas, la informalidad no es una elección, sino la única alternativa compatible con la carga de cuidados familiares.
La otra brecha salarial desigual
Incluso cuando las mujeres logran insertarse en el mercado formal, la desigualdad no desaparece. En promedio, las mujeres ganan alrededor de 10% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Dicho de otra forma: por cada 100 pesos que recibe un hombre, una mujer obtiene cerca de 86 pesos.
La brecha salarial no solo afecta el ingreso inmediato. También limita el acceso a créditos, ahorro y patrimonio. La desigualdad laboral se agrava por una realidad que pocas estadísticas reflejan con claridad: el trabajo doméstico y de cuidados.
Según estimaciones citadas por Coparmex, el valor económico del trabajo no remunerado como cuidar hijos, atender a personas mayores o realizar labores del hogar equivale a 23.9% del Producto Interno Bruto del país. De ese total, las mujeres aportan el 72.6%, es decir, 2.7 veces más que los hombres.
La falta de ingresos propios suficientes también limita la inclusión financiera.Aunque los avances han sido graduales, todavía existen barreras estructurales para que las mujeres accedan a crédito o financiamiento para emprender.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres suelen recibir préstamos de menor monto y enfrentan mayores obstáculos para financiar negocios propios.Esto se traduce en menos oportunidades para crecer económicamente.
Una desigualdad que tardará generaciones en cerrarse
La brecha económica entre hombres y mujeres no es exclusiva de México, pero sí se manifiesta con particular intensidad en países con altos niveles de informalidad laboral.Estimaciones internacionales indican que, al ritmo actual, la igualdad económica global podría tardar entre 123 y 134 años en alcanzarse, es decir, varias generaciones.
Expertos coinciden en que cerrar la brecha laboral femenina requiere algo más que generar empleo. Se necesitan políticas públicas que incluyan: sistemas de cuidados accesibles, licencias parentales equitativas, acceso igualitario a financiamiento y el combate efectivo a la discriminación salarial
Porque mientras las mujeres sigan cargando con la mayor parte del trabajo invisible del país, la igualdad económica seguirá siendo una promesa lejana.Trabajar debería significar independencia. Para millones de mujeres en México, todavía no lo es.
