Organizaciones civiles y académicas presentaron “Protocolo Seguro”, una iniciativa que busca mejorar la detección y atención de violencia contra mujeres, niñas y niños desde instituciones de salud en México.
La violencia contra las mujeres en México no siempre comienza con una denuncia. Muchas veces empieza con una visita al hospital. Una lesión inexplicable, un golpe mal justificado o una crisis emocional pueden ser las primeras señales de una agresión que rara vez llega a las autoridades. Frente a esta realidad, organizaciones civiles y académicas presentaron “Protocolo Seguro: de la norma a la acción”, una iniciativa que busca convertir al sistema de salud en una puerta de detección y protección para víctimas de violencia.
El proyecto es impulsado por Unión Mujer, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Baja California, y pretende fortalecer la capacidad de hospitales y centros de salud para identificar, atender y canalizar adecuadamente casos de violencia contra mujeres, niñas y niños.
Una crisis de violencia estructural
La propuesta surge en un contexto alarmante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.
En México, los datos no son menos contundentes. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2021) reveló que 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han experimentado al menos una situación de violencia.
Además, registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que entre 2015 y 2025:
- La violencia sexual aumentó 156%
- La violencia familiar creció 109%
- Los delitos relacionados con violencia de género subieron 297%
Las cifras muestran que el problema no solo persiste: se ha intensificado en la última década. Muchas víctimas de violencia no denuncian, pero sí acuden a servicios médicos. Datos del INEGI, a través del Sistema Integrado de Estadísticas sobre Violencia contra las Mujeres, indican que entre 2019 y 2024 al menos 504 mil 661 mujeres acudieron a una institución médica por lesiones derivadas de violencia familiar.
Solo en 2024, 16% de las mujeres que buscaron atención médica por lesiones lo hicieron a causa de violencia en el hogar. Sin embargo, la mayoría de estos casos no se convierten en denuncias formales.
Las estadísticas muestran que solo 20% de las víctimas solicita apoyo institucional y apenas 13% de las mujeres que sufrieron violencia de pareja acudieron a alguna instancia oficial. Entre las razones más comunes aparecen el miedo a no ser creídas, el temor a represalias o la desconfianza en las instituciones.
El Protocolo Seguro busca cerrar esa brecha entre la normativa y la realidad.
La iniciativa propone herramientas prácticas para el personal de salud, con el objetivo de mejorar la identificación temprana de señales de violencia y evitar procesos de revictimización durante la atención médica.
El proyecto contempla dos ejes principales.El primero consiste en materiales audiovisuales de capacitación, diseñados para sensibilizar al personal médico y administrativo sobre cómo reconocer signos de violencia física o sexual.
El segundo es una herramienta práctica de actuación, que orienta al personal institucional sobre cómo detectar casos, intervenir de manera ética y canalizar adecuadamente a las víctimas hacia redes de apoyo.
Más allá del hospital
Aunque el protocolo se diseñó inicialmente para personal hospitalario, sus impulsores buscan ampliarlo a otros puntos de contacto institucional donde las víctimas suelen buscar ayuda.
Entre ellos: trabajo social, psicología, paramédicos, personal administrativo, guardias y personal de seguridad. La lógica es sencilla: entre más ojos capacitados existan dentro de las instituciones, mayor será la posibilidad de detectar la violencia antes de que escale.
México cuenta con leyes, protocolos y marcos normativos para atender la violencia de género. El problema, advierten especialistas, es que muchas veces esas normas no se aplican en la práctica cotidiana de las instituciones.
El objetivo del Protocolo Seguro es justamente ese: transformar las reglas escritas en acciones concretas de protección y prevención.
Porque cuando una víctima llega a un hospital, no solo necesita atención médica.
Necesita que alguien detecte la violencia, crea su historia y active la red de apoyo que puede salvarle la vida.
